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Los vecinos de Sotu Deu, Parres, se despertaron después de Reyes con una buena sorpresa: de la noche a la mañana un muro de regodones, sujetos con espuma proyectada, cerraba el camino principal de acceso al río Sella. Nadie vio cómo se hacía. “Tuvo que hacerse por la noche y a toda velocidad”, se decía, y en el Ayuntamiento nadie se hacía cargo de quién había autorizado ese tipo de obra o había animado a hacerlo. 

La indignación fue general: por el modo de hacer las cosas, porque se trataba del camino de siempre al río, empedrado y ancho, por el que bajaban los animales a beber, los críos a bañarse y los pescadores a echar varaes. Y a pesar de que la muria desapareció de repente, un cierre con malla y madera la sustituyó.

El muro de la derecha todavía seguía en su sitio, aunque la portilla cerraba el paso.

Ante tal situación, se decidió convocar una junta de vecinos sobre el tema, invitando a participar en ella al equipo de gobierno y a los representantes de los otros grupos de la Corporación.